domingo, 4 de marzo de 2012

"Todo lo que es bueno"


¿Sabes algo?
Sabes todo lo que es bueno…
Respirando frente al lago
Con el techo de la brisa a mi lado,
Con las hojas ya bailando
En la tierra saludable – aquí la siento.

¿Sabes bien?
Sabes lo que trae el viento,
Sabes cómo mas no quien,
Cuando las palabras suenan y no ves
Que aunque desganado tú sigues en pie
Sin ningún camino – yo lo entiendo.

Y el sabor de cada día
Se encierra en tu piel, y encima
Puedes oler todavía
La nostalgia que te abriga.

Y al final de un túnel triste
Presientes que nada fuiste,
Y con el tiempo que tuviste
Lo que pudo ser y no quisiste…

¿Sabes cuándo?
Sabes cómo limpiará la lluvia…
Cuando el alma está infectada,
Las ideas derrotadas y gastadas,
La expresión se ve, si algo, muy raspada…
Pero sensaciones cómo estas, otra no hay ninguna.

¿Sabes algo?
¿Sabes distinguir de un juego?
Sólo inhala el momento para poder entender
Los disfraces y las fibras que en la vida pueda haber,
Disfruta hasta la miseria, la experiencia hace crecer…
Pues con el flujo del tiempo, sabrás todo lo que es bueno.



- Daniel Papa





-Sir Dante Piedrahita

Grotesque (Agua)

Agua es lo que necesitan esos labios secos de su boca llenos de deseo y de pimiento, aunque crean necesitar algo distinto.

La mente tibia y el cabello desordenado hacen de ella un ser iluso y poco significante, contrario a lo que probablemente le hagan pensar y sentir. Sus piernas abiertas y sudadas envuelven a otro cuerpo, y le abrazan cómo si de este su propia vida dependiera. Los ojos cerrados y con el maquillaje corrido le hacen parecer golpeada aunque masoquista, y su cuerpo inclinado levemente hacia atrás se llena de aire caliente mientras se le agita la respiración. Su jadeo hace invisibles unos cuantos cabellos que residen en esa almohada que estorba y hace, para el otro ser, insípidos aquellos labios mojados y agrios que están siendo besados, esas pieles versátiles y delicadas de cuyo contacto dependen tantas emociones.

Ambos juntos parecen formar un cuerpo de dos cabezas: una arriba y otra en el centro, pero ambas moviéndose tan coordinadamente, casi como si dependiesen la una de la otra cada vez más, como si su movimiento estuviera por siempre sincronizado por la sangre compartida. Él está dedicado a pasar su boca y lengua por ese cuerpo femenino, sudoroso e insaciable, tocándolo todo con sus manos con el fin de memorizarlo por tacto antes que por vista, y aprieta con fuerza y furor cada parte que forme relieve. Al mismo tiempo, cubre con su saliva los rastros de sus manos, pero siempre enfocándose en esos labios delicados y aromáticos que le piden constantemente más sin poder hablar. Ella agarra la cabeza de su compañero, le acaricia y la empuja contra sí misma, se aferra con sus piernas al cuello del hombre cómo para inmovilizarlo mientras el resto de su cuerpo se retuerce hacia diferentes direcciones. Pareciera estar a punto de quebrarse en éxtasis, y que sus huesos fueran a atravesar esa piel húmeda y sucia.

Con las manos ella empieza a aferrarse de todo lo que encuentra, desesperada e impaciente le basta con agarrarse de sí misma o hasta del otro ser, y ella aprieta con fuerza. Él se hunde fuertemente en ella y la mira a los ojos como buscándole algo: un gesto o una mirada especifica, hasta que ve un par de lagrimas saliendo y escurriéndose por los cachetes y adentrándose en la sonrisa de la niña mientras que, al seguir de un suave y levemente desgarrado gemido de la pequeña, los labios mojan la cara del padre.

Agua es lo que necesitan esos cuerpos llenos de deseo y pimienta, aunque crean necesitar algo distinto.




- Daniel Papa




- Sir Dante Piedrahita


lunes, 20 de febrero de 2012

El Jardín de las Zorras

He visto bastante y creído en lo suficiente, y de nuevo encontré algo hermoso que me cautivó. Por eso vomité del asco. He escuchado gente cantar, mentir y escupir tantas cosas parecidas a una verdad pero, de nuevo, reí.

"¿Seré yo maestro?" Me preguntó la más limpia y bondadosa de todas ellas, y le respondí: "No". La dejé ir.
"¿Seré yo entonces?" Me preguntó la más mentirosa y persuasiva de todas ellas, y le dije: "Por poco, pero no", la deje ir aun cuando ya se había volteado.
La otra me reclamaba interrogante: "¿No es esto como una imitación insípida de alguna escena antigua ya descrita?" Y le dije: "Serás tú, tú qué crees ser la más inocente y nueva de todas". Me la llevé lejos y bien adentro.

Estábamos entonces los dos solos, llenos de pensamientos sexuales y grotescos el uno del otro. Ella intentó hacer los míos evidentes usando engaños sucios y limpios a la vez, pero ni me inmute. Ella tenía miedo porque sabía que, detrás de sus ojos, lo veo yo todo: Ojos oscuros vulnerables.
Le soplé humo en la mirada para cegarla sin necesidad de promesas falsas ni palabras eternas, entonces se quitó la ropa e intento mirar dentro de mí- Quiso, pero no pudo.
"Quiero follarte porque ya no estoy segura si lo he hecho antes, quiero follarte para que así me protejas siempre entre mis labios, y entre mi pecho..." Murmuró ella con espinas en su lengua. Yo me acerqué y le dije al oído muy despacio y bien podrido: "No".
Le puse encima su miedo y me fui.

Ella regreso a su mundo, y en un jardín empezó a mentir, a balbucear, y podía sonreír por dentro y llorar por fuera, y se ahogó en sus lágrimas, de nuevo lágrimas de plástico que se quemaban en su propia ingenuidad. A los que ella complació en ese jardín le creyeron sus palabras y, a ciegas, se la follaron; las envidiosas, por otra parte, pudieron al fin gozar de dicha envidia como una virtud, pues se negaban a creer en sus vacios sollozos, irónicamente llenos de un orgullo degollado. Un orgullo extraño que tenía ella al ensuciarse, al sentir la putrefacción del mundo entre sus piernas.
Yo la observaba entre callejones y charcos pues las paredes me contaban sus andanzas; Y algunas de esas paredes estaban limpias y pulidas, mientras que otras tenían manchado encima algún tipo de sentido absurdo.

Vi cómo ella tomaba corazones y los lamia, los tocaba y luego intentaba exprimirlos. Ella solía fallar, drenando más bien la soberbia de dichos corazones antes que cualquier otra cosa que pudiese tener algo de valor. Y ella vio que esto era bueno: Alimento así su propia soberbia y su arrogancia.
En algún momento de su ser, se dio cuenta que nadie más quería tocarla, ni sentirla, ni nada en absoluto. Me llamó, acudió a
por algún retorcido sentido de justicia.
De nuevo nos vimos, de nuevo sentí en su perfume pensamientos sexuales sobre mí. Ella quería quitarse la ropa, quería que yo se la arrancara pues estaba sucia, entonces puso mi dedo en su boca, lo acariciaba afanada con sus suaves labios, y me dijo con cinismo: "Sálvame, hazme el amor". Yo la mire apático, me acerqué a ella para besarla y, al instante que rosé sus labios con los míos, le susurré con gran placer: "No, ese tipo de cochinadas no se hacen". Y mi lengua entró en su boca, y siguió entrando cada vez más en ese cuerpo, y con ésta retorcí y mezcle sacudiendo todas las espinas, los engaños, las lágrimas y perdidas sonrisas que tenía adentro hasta ahogarla, sofocarla con lo poco que había hecho ella de sí misma.
Ella estaba de rodillas y ya débil, yo terminé por decirle simplemente: "Esto no es tu jardín, es mi mundo, Disfruta...".



-Daniel Papa




-Sir Dante Piedrahita



Exquisite (Razones)

Su pequeña cara me motivaría, y me motiva su cuerpo, y su pluralidad. Si pudiera mantenerla en mil pedazos rota y encima mío untada por el tiempo que decida, y cada vez que quiera... O poderla enfocar dentro de mí, y de su ser hacer lo que me plazca, y dependiente así de mis razones y mis decisiones.
Me la llevo conmigo y con las ganas, y con ella hago lo que con mis instintos, y la consumo constantemente de alma, de mente y de cuerpo. Sobre todo de cuerpo.
O en distancias la podre ir dejando a que se plantara ella sola, y la cambiare por otras imágenes y fachadas que simulen un aroma de interés o de algo interesante, que parezcan valiosas, divinas y con algún encanto intrínseco. Mejor aun: las tendría mezcladas a todas, para sentirlas en mis labios, en mis dedos, y saborear cada una de sus palabras y miradas con los ojos, aquellas ideas que componen eso tan exquisito.
Y me moveré con ellas juntas en mi mente, en mi alma, pero en cuerpo ante todo, y no necesitaría razón alguna pues el motor es uno solo, y será absoluto siempre al saciar necesidades.
Sera el placer la motivación mas deliciosa e inexplicable, y de nuevo será irrefutable y sensorial, y el motivo absolutamente lo exquisito.

-Daniel Papa




-Sir Dante Piedrahita

domingo, 8 de enero de 2012

“Techos de Aire”

Todavía puedo ver residuos de mi piel escurriendo del tejado, pedazos que solían formar parte de mí, que forraban a mi cuerpo, y a mi corazón cuidaban sin dejarle encerrado.

El techo lo construí con tiempo y novedades durante tantos años, ahora sólo suelta imágenes abstractas que en algún momento fueron mías, y que eran de todo tipo de color, sin pan y sin saliva.

Pero las lluvias pueden destruir los edificios al lavarles, y las paredes no son nunca para siempre, ni van a responder a nuestras preguntas ni demandas, ni pueden tampoco llorar ni buscar diamantes.

Y los días siguen sin importar los obstáculos, carecen de piedad, de lastima y de envidia, pero no de sentimiento.

Así mismo me protegía mi techo imaginable, y sólo a mi podía cuidarme, y era eternamente mío. Pero ya no, ahora me duelen las tormentas y mi piel se quema en el verano y se siente al rojo vivo.

Ahora puedo ver el humo de otras casas, y observar las grietas en el piso, el polvo y las heridas. Ahora siento fácilmente el cielo que se pierde en las montañas.

Entre ironías, todo lo que construimos con el tiempo, decae mientras pasa el mismo. Porque los recursos serán siempre limitados, porque a veces necesitamos la presencia de mil manos y la existencia de otras vidas.

Veo entonces el hogar de otras personas, cómo también a quienes nada tienen, mientras tanto yo corrijo mis palabras, y también tacho las paredes.

No valdría de mucho olvidar a quien me protegió, ni es fácil extraviarse entre burbujas, pero los caminos siempre se dividen, en dos o en tres, o en “nunca”.

Podremos acampar en techos, y levantar murallas, pero el movimiento es necesario para poder avanzar. Y puede que el aire nunca pueda protegernos, pero que bien se siente la brisa en esta cara.


- Daniel Papa




- Sir Dante Piedrahita

“Exquisite (AmarAmente)”

Su cara no me gusta, no puedo organizar todo lo que entra en ella y me siento impotente.
Empiezo a sentirme lleno de impulsos o de ideas sin estar seguro, pero quiero que ella me aplauda mirándome, para poder sentirme bien en un momento tan específico.
No puedo entender cómo no me dejo llevar, como no voy con ella hacia quien sabe dónde.
En un lugar donde no aparezcan ideas, ni tampoco impulsos o palabras.
En especial no las palabras o las letras.
Que no exista un reloj, que no haya velocidad para desvelar de mi nostalgia el producto que es ella solamente. Así no podría sentirme débil, y para ella seria fuerte siempre.
Se me clava todo esto en la cabeza, en las orejas y en la boca hasta hacer temblar mis manos y mis ojos, esto me encierra totalmente en mi forma.
Me empieza a doler un poco el cuerpo, el corazón se me arruga y se dobla lentamente.
Y eso duele aun más.
Se expande el vacio que suelo guardar en el pecho, se expande con furor y como con vida propia, y se me amarra alrededor de todo el torso como si se creyera una especie de armadura, pero no lo es, ni es acaso nada parecido.
Y esta vez no es exquisito.
La garganta se me enreda varias veces, la siento fuerte y estéril, la tengo incapaz de cualquier cosa.
Mis ojos se cierran contra mi voluntad, y mis pies desobedecen caminando hacia donde yo no quiero ir.
Cuando yo simplemente deseaba acercarme, como siempre lo deseo.

- Daniel Papa



-Sir Dante Piedrahita

“Seré Felino”

Seré felino porque quiero olvidar, para poder vivir tranquilo aunque no sea en soledad. Sera así que me verás sin reconocerme, sin preguntarte si mi alma está limpia o si ya le dañé. Podré rondar el mundo, y también andar en tu cama sin obligarte a reclamar, sin querer discutir, ni encontrar los odios que a veces me guardas. Te miraré al pasar y te querré entender, y todos tus abrazos serán sólo míos y tus lagrimas podré curarlas. Y en mi mente voy a cuidarte, queriéndote ofrecer ya todo lo que soy y lo que nunca te voy decir al no tener palabras. Seré animal por siempre, mi instinto seguiré, pero nunca será mi intención herirte, y es que nunca lo fue; el cielo me servirá de techo y al menos de una forma te voy a tener, y en algún tipo de distancia podrás importarme, y aunque no esperes nada de mí, yo a ti siempre te esperaré. Limpiaré los cuartos con basura, así conoceré todas tus miradas, tus gestos, y tu cordura; pero todos los días querré levantarme, sea de caídas o sea de saltos, y así más de una vida yo podré entregarte. Muchas veces voltearé y miraré hacia atrás, y voy a recordar cuando también tus ojos los era capaz de tener, regalando mi voz y, si existía, mi locura. Todo esto lo pensaré cada vez que te veas al espejo, cuando viajes desde lejos y recuerdes viejos tiempos, cuando sientas nostalgia y melancolía, y cuando olvides mi reflejo. Y al final me conformaré con extrañarte, pues morirás después que yo o, antes que algo digas, te tendré que dejar pues felino seré.



- Daniel Papa.




-Sir Dante Piedrahita.